Siempre lo miraba, sin verlo. Cada día de mi vida estaba ahí con
sus auriculares, botando esa estúpida pelota. Absorto en sus cosas. Un alma
torturada, un artista a su manera.
Aquel día simplemente me apeteció levantar la vista de mi libro,
justo a la vez que el la levantaba de esa extraña revista de deportes. Desde entonces comencé a fijarme más en el,
procurando coincidir en los pasillos y lanzándole sonrisas que esperaba que le
iluminasen el rostro.
En lugar de que él se fijara en mi, lo hizo el idiota de su
amigo que para mi desgracia era todo lo contrario, una de esas personas que
intentan cambiarte y consumir tu energía. Una de esas hiedras que te trepan y
te envenenan el alma. Donde caben dos, no caben tres.
Dicen que las pirañas van en manada y atacan a objetivos claros
y fáciles. Pues bien yo era esa presa fácil, solo que no fui mordida por la
piraña esperada. Hasta que me cansé y recordé que el pez grande se come al
pequeño. Estaba cansada de ser la rubia que se queda en el agua pataleando
cuando gritan tiburón. Así que por una vez me convertí yo en el tiburón.
¿Quieres saber lo que pienso? Yo creo que a Nathan le
gusta la Profesorcita, y a la Profesorcita le gusta
Lucas. Y sé que a mi me gusta Lucas…y a ti no
tengo ni idea de quien te gusta.
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